Química y nada más.

La ciencia dice que el amor es cuestión de hormonas, pura química fundamental donde los neurotransmisores son los encargados de dicho trabajo. Oxitocina, dopamina, serotonina… todo es un ciclo en la neurobiología del amor y yo lo sé, lo he estudiado, lo he aprendido.

La lógica del cuerpo humano ante los sentimientos es un poco más simple de lo que la mayoría piensa, no hay mayor trasfondo en mirar un rostro y quedarse estupefacto con las pupilas dilatadas, no hay demasiadas explicaciones que demuestren la naturalidad de sentir que las rodillas tiemblan al acariciar una mejilla sonrojada. Amar es un acto sencillo para la piel, para los nervios y para el cerebro, todo lo entiende, lo comprende, lo asimila… no hay incógnitas en este proceso que es tan habitual como soñar o beber té, no hay grandes sucesos heroicos anatómicamente  tras enamorarse,  y yo lo sé, lo he memorizado, lo he entendido.

Sin embargo la ciencia no ha logrado comprender el comportamiento del corazón, órgano que apenas participa en todo esto, y si la mismísima ciencia no ha podido explicar por qué la mayoría de veces le hacemos caso a una bomba que late en el pecho en vez de seguir al intelecto de esa gran  máquina que tenemos instaurada en el cráneo ¿por qué  entonces habría yo te poder explicar y comprender todo lo que siento por ti?

2 comentarios sobre “Química y nada más.

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